La mano de Ximena se apretó con fuerza en su regazo.
—¡Felipe, eres simplemente un cobarde despreciable!— Ximena regañó enojada.
Felipe respondió:
—Ser regañado por ti no me detendrá para conseguir lo que quiero, ¿verdad?
Ximena quería continuar su diatriba, pero Felipe intervino:
—Deberías pensarlo bien. Si mi padre descubre la verdad, ¿crees que tus hijos seguirán contigo?
—¿Cómo supiste siquiera sobre la relación de mis hijos con Alejandro?— Ximena exigió duramente.
—Puedo averiguar lo que