Ximena sintió un dolor punzante en el pecho al escuchar sus palabras.
—Piensa lo que quieras. Yo me voy adentro. Si prefieres quedarte aquí afuera sintiendo el frío, adelante, quédate ahí todo el tiempo que quieras.
Dicho esto, Ximena se dio la vuelta y se marchó. Tal vez el aire frío irritaba sus ojos, ya que comenzaron a arder. Hasta ahora, él no tenía la intención de explicar lo que había entre él y Manuela. ¡Ella estaba malinterpretando las cosas!
Alejandro no la detuvo y la observó cerrar