Eduardo terminó de hablar y encendió el coche.
La mirada de Alejandro se posó en la oscura carretera, sintiendo cómo la impotencia y el vacío lo envolvían. Había acumulado una fortuna, pero al final, ese dinero no podía salvar a su hijo.
En la Residencia Bosca.
Felipe regresó a la mansión, y un sirviente se acercó de inmediato para llevarle las pantuflas.
Felipe preguntó en voz baja,
—¿Se despertó?
—No, señor, la cantidad de medicamento esta vez es bastante fuerte, no despertará en un corto per