Manuela abrió la puerta del coche y bajó, pisando con tacones altos.
Al ver a Paula parada en la puerta, se acercó sonriendo,
—Oh, tan amable, ¿esperándome en la puerta?
Paula, frunciendo el ceño, le dijo:
—¿Lo hiciste a propósito? ¿Me apuntaste con los faros cuando salí?
—¿Cómo puedes decir eso?— respondió Manuela. —Acabo de llegar y no tuve tiempo de apagar las luces.
Paula replicó:
—¡Tu coche ni siquiera se movió! ¿A quién pretendes engañar?
Manuela, con una sonrisa irónica en los labios,