Ximena rió,
—Hermano, no era tan delicada. Ya estaba pensando en llamarte antes de que llegaras.
Andrés, con una expresión cariñosa, dijo,
—¿Podía perderme acaso?
—¿Quién sabe?— bromeó Ximena.
Andrés respondió,
—Mi inteligente Xime no podía tener un hermano tonto. Vamos, subamos.
Ximena asintió,
—De acuerdo.
En ese momento, al otro lado de la calle, las acciones de Ximena y Andrés fueron observadas por Alejandro, quien estaba sentado en el auto.
Sus largos dedos se apretaron constantemente e