Ximena levantó a Liliana, que lloraba sin cesar, y le acarició suavemente la espalda para consolarla. Liliana enterró su cabeza en el cuello de Ximena, sollozando sin parar.
—Mamá, no quiero que la abuela se vaya, buaaa, no quiero que la abuela se vaya...
Ximena abrazó con fuerza el pequeño cuerpo de Liliana, con voz y lágrimas,
—Lo siento, mamá no protegió bien a la abuela, es culpa de mamá...
Nicolás y Leo tenían los ojos hinchados, sin saber cómo consolar.
—¿Por qué?
De repente, Alejandro, q