Don Ramón respondió con desdén:
—¡No es más que una seductora que sabe cómo usar su belleza para atraer a los hombres!
—Felipe—, suspiró Felipe, —no creo que sea así. La he visto en dos ocasiones y parecía ser una mujer encantadora y hermosa.
Don Ramón frunció el ceño y preguntó:
—Felipe, ¿te estás enamorando de ella?
—Padre, ¿cómo podría robarle el corazón a la mujer que está en el corazón de mi hermano?
Felipe respondió con una sonrisa tenue, pero sus ojos revelaron una profunda tristeza.
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