Sentada a la mesa, doña Alicia le sirvió a Ximena un tazón de sopa de pollo recién hecha. Al ver la capa dorada de aceite flotando en la superficie, el estómago de Ximena se revolvió. Una sensación de náuseas la invadió y corrió rápidamente al baño. Al presenciar esto, doña Alicia se quedó perpleja por un momento, pero pronto una expresión de sorpresa se dibujó en su rostro.
Cuando Ximena regresó, pálida como un papel, la señora Alicia le sonrió y preguntó: —Señorita Pérez, ¿tu período está ret