—No te obsesiones tanto con una cosa que te ciegue —aconsejó Jacinta a Liliana, de manera indirecta.
Pero Liliana, inmersa en la situación, no lograba entender el significado de las palabras de Jacinta.
—Jacinta, no entiendo —dijo Liliana, sacudiendo la cabeza.
—¿Acaso alguien lo entiende todo en la vida? —respondió Jacinta.
Liliana hizo un puchero.
—Jacinta, con lo que me dices, parece que vine para nada.
—Niña, es que no sabes aquietar tu mente —dijo Jacinta—. ¿De qué te sirve querer entenderl