Era la primera vez que Luciana entraba a una tienda así, y curiosa, no dejaba de mirar alrededor.
Liliana le pidió a Mateo que sacara algunos rosarios, mientras ella contactaba con la fábrica para que enviaran varias bolsas grandes de ofrendas.
Cuando todo estuvo listo, Mateo preguntó:
—Liliana, ¿dónde llevaremos todas estas cosas?
—Obviamente no podemos llevarlas a casa —respondió Liliana—. Esta tarde buscaremos un lugar, preferiblemente algo apartado.
—Conozco un sitio —dijo Mateo—. No es una