Leo también se preocupó:
—Oye, ¿no crees que existe la posibilidad de que Liliana haya permitido que Fabián se quede en casa? Conociendo lo impulsiva que puede ser a veces...
—¡No me sorprendería en absoluto!— exclamó Nicolás, apretando los puños con frustración. Sus nudillos se tornaron blancos por la fuerza. —Si tan solo tuviéramos un teléfono a mano, te juro que la llamaría en este preciso instante para darle una buena reprimenda. ¡Cómo se le ocurre hacer algo así!
Leo dejó escapar un largo