Los dedos de Ximena se tensaron alrededor del tenedor, su agarre reflejando la emoción que sentía por dentro. Con voz suave pero firme, respondió:
—No te preocupes, Leo. Si de verdad me extrañas, encontrarás la manera de verme. Confío en ti.
Leo se sorprendió ante la respuesta de su madre, sus ojos abriéndose un poco más.
—Pero allá... —comenzó, su voz vacilante.
Ximena negó con la cabeza, interrumpiéndolo gentilmente. Sus ojos brillaban con una mezcla de cariño y determinación.
—Es cierto que h