La mujer gorda resopló con desprecio.
—¡Quiero dinero! No pido mucho, solo cincuenta mil. ¡Ni un centavo menos!
Ximena sonrió.
—Cincuenta mil para compensar el trauma de un niño no es realmente caro.
La mujer gorda pareció sorprendida.
—¿Puedes pagarlo?
Ximena asintió.
—Claro que puedo. Sin embargo, ¿no sería justo calcular el costo del trauma psicológico de mi hijo en este momento?
La mujer gorda cambió su expresión al instante.
—Tu hijo está bien, ¿por qué deberíamos calcular eso?
Xi