—Intentaré hackear las cámaras de seguridad de allí, así al menos sabremos algo y no estaremos esperando con el corazón en la boca sin saber nada—dijo Leo.
Nicolás:
—¡Bien, entendido!
Mientras tanto, Alejandro condujo a toda velocidad, incluso pasando semáforos en rojo, hasta llegar al puerto.
Al llegar, bajó del auto y miró el enorme crucero iluminado frente a él, con expresión sombría.
No había nadie alrededor, excepto los guardias junto a la entrada del barco.
Era evidente que Samuel había a