Ximena sonrió suavemente y dijo:
—No, acabo de llegar. No te quedes de pie, ven y siéntate.
Andrés asintió y se sentó sosteniendo a Liliana en su regazo. Luego, entregó uno de los regalos a Nicolás y le dijo:
—Nicolás, aquí tienes el procesador personalizado que querías.
Nicolás sonrió y aceptó el regalo, diciendo:
—Gracias, tío —Luego, sacó su mochila, sacó su computadora y las herramientas, y comenzó a ensamblarla.
Viendo la espalda de su hijo mientras trabajaba en su computadora, Ximena si