Alejandro se sintió satisfecho con la actitud de Nicolás y esbozó una leve sonrisa.
Se recostó en el respaldo de la silla, posando sus largos dedos sobre el escritorio y golpeteándolo intencionalmente.
—Adelante, puedes hablar.
—Sobre el asunto de Liliana, quizás mamá también te lo comentó—. Dijo Nicolás. —¿Cuál es tu opinión?
—Superstición, poco confiable, irreal—. Alejandro respondió con franqueza.
Nicolás:
—No es raro que pienses así, muchos que no han tenido contacto con estas cosas lo ven