Eduardo no mostró ni un ápice de compasión en su mirada. —Señorita Pérez, no quiero repetirme. Si el señor Camilo se entera, las consecuencias para usted serán ser arrojada a este montón de serpientes. ¿Cree que puede soportarlo? Borre las fotos y actuaré como si nunca hubiera estado aquí.
Ximena frunció el ceño con ira. —¡Eduardo, me equivoqué contigo! ¡No esperaba que fueras un traidor oportunista!
Eduardo miró su reloj de pulsera. —Señorita Pérez, quedan cuatro minutos antes de que regresen l