— ¿No tienes vergüenza alguna Lucía? —me gritó Alejandro—. ¿Tan urgida andas por acostarte con quien primero se te cruce?
Se me subió de inmediato la sangre a la cabeza y vi todo rojo. Le metí una sonora y bien merecida cachetada con todas mis fuerzas. Alejandro se quedó , con la mejilla bien marcada. Era la primera y última vez que me le ponía al brinco. Ya quería largarme de esa maldita casa para siempre.
— Alejandro, esta es la última vez que te trato como mi hermano —la solté—. Me criaste 18