Mis caderas se movieron al ritmo de la música, cada parte de mi cuerpo se sentía liberada y sin embargo no podía dejar de pensar en la boca y cuerpo de Aaron.
Podía sentir las miradas de los hombres fijas en cada movimiento que hacía, pero yo solo hubiera deseado que un par de ojos tormentosos fueran los que me miraban.
Por más que detestara sentirme atraída por ese hombre era evidente que me gustaba. Aunque jamás lo admitiría en voz alta.
Volví con las chicas dando un trago largo a mi vodka si