—¿A dónde vamos? —le pregunté curiosa al día siguiente.
Aaron sostenía mi mano llevándonos hasta un avión privado.
—Iremos a mi isla privada, necesito resolver un asunto.
Abrí los ojos con verdadera sorpresa.
—¿Tienes una isla privada?
Lo miré impresionada aunque él no se volteó a verme. Esbozó una apenas perceptible sonrisa ladina.
—Tengo más que eso, princesa.
—Estoy impresionada. Digo, mi padre también estaba en este mundo, a pesar de que no estábamos mal económicamente tampoco logró tener