—Parece que la puerta de corazón de la muchacha está cerrada…
Su tono parecía tan tranquilo, pero su ceño estaba ligeramente fruncido mientras sostenía con suavidad la barandilla de la plataforma de observación. Sus dedos largos se apretaron repentinamente, haciendo que las venas azules se destacaran en la parte posterior de su mano.
—Diego, deberías alegrarte de llamarme tío.
Esa noche, Yaritza tampoco sabía qué le pasaba, daba vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. Cuando amaneció, s