Jacinto la entendió al instante, su rostro se iluminó con una sonrisa y ¡asintió como si estuviera machacando ajo!
—Le encanta, mi hija de verdad adora esta marca y ¡siempre está murmurando por qué Escobar Inc. no la ha adquirido todavía!
—Entonces, que así sea.
Yaritza empujó una tarjeta bancaria hacia Jacinto, dejándole la tarea en sus manos.
—Después de la adquisición, que elija lo que quiera, anótelo en mi cuenta.
—Entendido, señorita —Jacinto recogió la tarjeta bancaria y, con paso alegre,