—¡Escribe!
Con una sola palabra, Yaritza hizo que Laín se empapara de sudor.
¿Escribir qué? ¿Acaso quería que firmara algo? ¡Él no había hecho nada malo!
Reuniendo el coraje suficiente, Laín bajó la cabeza muy tembloroso y ¡suspiró aliviado al ver lo que era! ¡Tenía que escribir la dirección de entrega!
—¿Qué estás haciendo ahí parado? ¿No lo escribiste la última vez?
—¡Ah, sí, sí! ¡La señorita Escobar aún recuerda la última vez que le compró los trajes al señor!
Laín sonrió con cierta timidez