Este acto inconsciente, fue bastante firme y rápido!
Ángel, que estaba parado no muy lejos, ¡se asustó tanto que sus ojos casi se salían!
—No quiero que te tuerzas, así que me he acostumbrado —dijo David con un rostro imperturbable y un corazón bastante tranquilo, alcanzando un estado de calma extrema.
Yaritza: ... Yo no.
Ángel: ¿Ya había llegado al punto de acostumbrarte? ¡Madre mía!
Luego, comenzaron el proceso de la entrevista.
—¿No vas a mirar el currículum? —David le entregó un currículum m