Unos días después, el sol se alzaba suavemente sobre las colinas cuando el carruaje de Carlos atravesó la puerta recién instalada. El letrero de madera tenía grabado en letras elaboradas: Finca Santa Clara.
Los ojos de Laís se llenaron de emoción al ver el letrero.
—Es aún más bonita en persona… —murmuró.
Carlos aparcó cerca de la casa y, antes incluso de bajar, le tomó la mano y le dio un beso con cariño. Luego dio la vuelta al coche, le abrió la puerta y volvió a tomar la mano de Laís.
Ella s