Menos de una hora después de la llamada, sonó el timbre del apartamento.
Cristina fue a abrir y, antes de que pudiera decir nada, Cecília entró apresurada, visiblemente angustiada.
— ¿Dónde está? ¿Dónde está Natália? —preguntó.
Cristina le hizo un gesto para que bajara la voz.
—Está durmiendo… por fin —respondió en voz baja—. Pasó toda la noche despierta, parece agotada.
Cecilia se detuvo un instante, respirando hondo. Caminó hasta el sofá y se sentó, nerviosa.
—Cristina, explícamelo bien. ¿Qué