Capítulo 129

El silencio que siguió a la salida de Natália era sofocante. Fernando permaneció inmóvil en la silla, con el rostro oculto entre las manos.

Durante un largo rato, se quedó allí, sin fuerzas ni siquiera para levantarse. Sentía el pecho oprimido, como si algo dentro de él lo estuviera destrozando poco a poco.

Intentó respirar hondo, pero le faltaba el aire.

—Maldición… —murmuró, con voz ronca, casi un gemido.

Se levantó de un salto y empezó a caminar por la oficina, como un animal acorralado. Se
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