A la mañana siguiente, Natália supo por Iván que Fernando había salido antes del amanecer para supervisar el pastoreo del ganado y que tenía intención de pasar todo el día en los pastos.
Ella se limitó a asentir, tratando de disimular la punzada en el pecho.
Sabía que él la estaba evitando.
—Estás muy abatida, Natália. Debe de ser el peso de la co nsciencia —comentó la señora Catariana, en un tono gélido.
Natalia se limitó a esbozar una débil sonrisa y se retiró. Tampoco soportaba las sutiles