David vio a Luna así y se asustó.
—Luna, esto es muy impulsivo. ¡Créeme, aunque esto se haga público, no habrá problema! ¡No dejaré que esto te afecte de ninguna manera!
Luna sonrió amargamente. Parecía tan desolada como una flor blanca en medio del viento invernal.
—David, ya no me engañes. Vi todo, vi lo que dicen de mí...
—David, de todas formas, no puedo estar contigo. Desde que me dejaste, ya perdí la esperanza de seguir viviendo. Ahora, de verdad, no quiero seguir viviendo ni un minuto más