El susto hizo que derramara mi vino sobre la mesa. Me di cuenta de lo que pasaba, vi que era David. Me apresuré a coger su brazo, pues estaba a punto de golpear al hombre otra vez.
—David, ¿qué rayos haces?
El tipo quien antes estaba furioso como una bestia, al escuchar mi voz, de repente se mostró herido.
—Cariño, él te estaba molestando.
No entendía cómo David podía decirme eso, decirme cariño, después de todo lo que había pasado entre nosotros, y más aún cuando ya estábamos divorciado