Él se veía más cansado que esta mañana. Aunque llevaba la misma ropa que en la rueda de prensa, ya no parecía ese hombre elegante y seguro, sino todo lo contrario: decaído y frustrado.
Se tiró de la corbata que ya no podía apretar más.
—Esmeralda, creo que Santiago ya te ha comentado sobre la situación afuera, y lo grave que es todo esto.
—Sí, ya me comento.
Parece que no esperaba que, a estas alturas, yo estuviera tan tranquila, tan relajada. No pudo evitar decir:
—Esmeralda, ¿qué es lo que rea