32. Revelaciones
Noah conducía con precisión, sus manos firmemente sujetas al volante mientras el vehículo avanzaba a través del día y mucho tráfico. Clara, inconsciente en el asiento trasero, era completamente ajena al destino que la aguardaba. La luz de día iluminaban brevemente la carretera con los autos pasando al costado el auto de Noah, antes de que la oscuridad volviera a engullir todo a su alrededor. El viaje se prolongó en silencio, solo roto por el suave zumbido del motor y el sonido de la respiración