Sus hombros a la vista, su cuello con la marca que probablemente se oscurecería aún más en unas horas. Todo esto no podía traducir el asombro y el pavor que Madson sintió cuando el hombre la atacó, rasgándole la ropa. Estaba prácticamente desnuda cuando oyó unos pasos que venían de lejos.
El sonido del disparo resonó al mismo tiempo que los pájaros volaban, asustados por el repentino ruido. El hombre cayó al suelo, resbalando, mientras sus manos rígidas seguían insistiendo en tocarla durante lo