No tengo la mujer adecuada.
A Madson Reese ya le dolía bastante el corazón como para tener que enfrentarse a revelaciones en aquel momento, pero nada impedía que Cesare se fijara en sus bebés, incluso después de tantos esfuerzos por mantenerlo al margen de la existencia de aquellos queridos niños. Contempló el rostro serio del hombre y la forma en que la lágrima se formó en la línea de flotación del ojo de Cesare Santorini la hizo sentirse mal de que se hubiera enterado de todo de aquella manera.
Madson Reese tenía miedo.