La risa no es exclusiva de su esposa muerta, señor...
El desayuno transcurrió como de costumbre para la rutina de la familia que ya se había instalado allí, pero para Cesare Santorini se sentía extraño, como fuera de lugar. Seguía siendo el dueño de toda la fortuna que ponía cada exquisita comida en la mesa, y seguía sintiéndose como un intruso en su propia familia, pero cuando la mujer que se parecía a su difunta esposa bajó las escaleras, sintió una opresión aún más fuerte en el pecho.
Madson estaba sentada a la mesa con una camisola de seda, aj