Hemos llegado a un acuerdo. Ahora puedes dejarme en paz.
El hombre ebrio se quedó mirando a la lujosa mujer como si fuera un espejismo más. Uno de los muchos que su visión borrosa por el alcohol le había provocado a lo largo de muchas noches en vela. A pesar de todo, entró en la destartalada casa, dejando la puerta abierta de par en par tras de sí.
– ¿Señora Lucy? ¿Qué hace usted aquí?
– Necesito hablar con usted. Es muy urgente.
– ¿De verdad tienes un secreto? ¿Lo has guardado todo este tiempo? Podríamos haberlo usado para conseguir dinero. ¿Por qué