12. Un Secreto
Caminé indignada hacia el ascensor, dispuesta a retirarme a mi habitación, cuando alguien me tomó del brazo.
—¡Ahora no, Alessandro! —dije molesta ante la interrupción, girándome para enfrentar al intruso. Mi sorpresa fue mayúscula al ver a José, esbozándome una sonrisa hipócrita.
—No soy Alessandro, querida. Soy yo, tu novio. —mencionó mientras aferraba con más fuerza mi brazo.
—No eres nada mío, José. Dejaste de serlo hace mucho. —me zafé de su agarre y corrí hacia el elevador, temerosa de qu