63. No Puedo Perderla

Me tiemblan las manos con tan solo abrir la puerta de la habitación donde ella está internada, me pesan los ojos de tanto llorar, mis piernas se sienten débiles y mi corazón aún mucho más. Respiro profundo intentando tranquilizarme tan solo un poco y termino de entrar a la habitación.

Es verla sobre esa cama conectada a varias máquinas que controlan su pulso, su corazón y su respiración lo que me hace tener un golpe

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