Mundo ficciónIniciar sesiónCuando todos se marcharon, fui directo a su habitación y lo encontré de pie, observando por la ventana y mirando la luna. Me quedé en el marco de la puerta, sin entrar del todo.
—Será mejor que te duches y duermas, Diego —sugerí, conciliadora. Él solo asintió y casi cayó de bruces al intentar dirigirse al baño. Me apresuré a alcanzarlo, sosteniendo como podía su enorme cuerpo—. ¡Por Dio







