CAPITULO 18

Con los ánimos renovados, salí del elevador y entré a la suite donde me encontré con mis amigas un tanto preocupadas. Les dediqué una sonrisa para tranquilizarlas y todas me vieron como si fuera un bicho raro.

—¿Estás bien? —preguntó Mónica y asentí relajada—. Espera, ¿sucedió algo para que traigas esa estúpida sonrisa pintada en tu rostro? Hace apenas un par de horas parec&iacu

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