Estaba llegando al puesto de vigilancia donde habíamos estado observando los movimientos de Gilbert y Jonathan, no teníamos orden de aprehensión ni de cateo, porque no teníamos ningún pretexto para inspeccionar el lugar. Pero sabíamos que algo escondían ahí. Entré a la camioneta en donde el equipo de espionaje estaba trabajando, mi hermano Noah se levanta del asiento y se dirige hacia mí con voz preocupada.
—¡Lo tienen, lo descubrieron! —la sangre se heló en mis venas al escucharlo.
—¡¿Qué?! ¡D