Domingo, cuatro y media de la tarde, un pequeño retraso, pero nada que pudiera detener la hermosa boda, la flamante novia caminaría por el arco de bellas rosas blancas, los invitados eran un número muy pequeño de amigos íntimos de la pareja.
Leila se colocaba la pulsera de perlas, obsequio de su madre, entró en el salón donde su madre se miraba al amplio espejo, giraba para tomar un bello arreglo, se cruzaron sus miradas, Olivia caminaba en dirección a las escaleras bajando con tranquilidad.
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