30 – Olvidar por unas horas.
Pablo no necesitó que dijese nada para saber que algo ocurría, al llegar a su bar, rodear la barra y abrazarle, frente al resto de clientes del bar.
- Quédate al frente – pidió a su hombre de confianza, para luego tirar de mí hacia su casa, lugar en el que volví a abrazarle, con fuerza, dejando escapar mi dolor, con fuerza, recordando aquella despedida tan dolorosa para mí, en la que había tenido que dejar