Cuando llegaron del club, Delilah se fue corriendo detrás de su hermana que no dejaba de decir incoherencias y de quejarse de los viejos prepotentes que se creían la última Coca Cola del desierto.
Deseaba ir junto a su marido y arreglar el pequeño malentendido que había ocurrido en el club, pero no podía dejar de esa forma a su hermana.
Tal vez podría decirse que la noche había sido un fracaso por la forma en que se habían marchado, pero todavía no podía creerse que Maximiliano le hubiera dicho