Llevaban toda la semana viviendo bajo el mismo techo.
Horas y horas de esquivarlo, sobre todo en las noches porque, para su incredulidad, su esposo no había estado yendo a ese club, pero aún continuaba sin fiarse de él y sin atreverse a decirle la verdad sobre Zafiro.
Todo estaba tranquilo, una tranquilidad que la estaba volviendo loca porque no se habían vuelto a besar, ni tocar, ni habían dormido juntos, pero ambos aguantaban despiertos hasta altas horas de la noche y parecían espiarse mutuam