Sus ojos se volvieron vidriosos al instante. Agarró su bolso de mano y, al alejarse apresuradamente, chocó conmigo.
Me limpié la mancha resbaladiza de la camisa, quitándola con leve irritación. «Demasiado temperamental para ser modelo».
De reojo, la vi sacar el teléfono del bolso. En cuestión de segundos, se lo llevó a la oreja.
Disfruté de la escena por última vez, con una ceja ligeramente arqueada.
Era hora de volver a casa y ponerme manos a la obra. Unas horas de distracción ya eran demasiad