Punto de vista de Lucía:
El vestido de seda se pegaba a mi piel húmeda mientras salía de la suite del penthouse. El olor a colonia de cuatro hombres distintos todavía me rondaba el cuerpo como trofeos invisibles.
Mi limusina esperaba en el garaje subterráneo del hotel con el motor ronroneando, satisfecho como yo misma me sentía por dentro.
El poder tenía muchas formas. La violencia. El dinero. El miedo.
Pero el poder más embriagador era el que dejaba a los hombres suplicando mientras les desmor