—Le hablaré de nuestra iniciación, tranquilo.
Asentí al tiempo en que entraba un médico.
Después de que me permitieran levantarme y finalmente poder ir a ver a mi esposa, no sin antes darme el anuncio de que ya habían pasado dos días desde esa fatídica noche. Había sido difícil de digerir, golpeó como un martillo en mi pecho.
Mis pensamientos se convirtieron en un torbellino al entrar finalmente en su habitación. Agradecí mentalmente estar en una silla de ruedas, ya que temía que mis piernas no