—Pero yo sí… —su voz se quebró al final—. Quiero tener hijos.
Cerré los ojos durante unos segundos y luego besé su cabeza. Mi celular comenzó a sonar, y lo contesté de inmediato.
—Dime.
—Estoy en la oficina, necesitamos hablar.
—Dos minutos.
Colgué y agarré su rostro para darle un beso.
—Tengo que bajar un momento. Cuando vuelva, quiero esas mamadas delirantes que haces. —Mordí su labio inferior y soltó un gemido—. Tú también tendrás una buena dosis de lamidas allá abajo.
—Otro día, estoy agota