SIN PIEDAD PARA LOS ASESINOS DE MI HIJO.
Luciano ordena a sus hombres que entren en la habitación. Ellos entran y él ve cómo los otros hombres tiemblan de miedo.
¡¡Bien!!
Hoy es el día en que esos bastardos que dejaron morir a su hijo desearán no haber nacido nunca.
Luciano se endereza, pero sus manos tiemblan por un instante… no por ira, se asegura a sí mismo, sino por un dolor que no tiene nada que ver con la rabia.
Cierra los ojos por el más breve momento y ve a Alessandro a los cinco años, manchas de lápiz en sus pequeños dedos, l